Hogar, dulce hogar… ¡¡¡Por fin solos en casa!!!

Publicado el

Salimos del hospital y llegamos al coche.

Qué novatos madre mía… La sillita de Martina, aquella tan guay que nos habían vendido, aquella de Grupo O-1, aquella que podías usar desde el primer día… Una Bebé Confort Opal:

Qué decepción, tal cual pusimos a Martina allí, vimos que.. ¡¡¡Iba medio sentada!!! Madre mía, un recién nacido no puede ir así… Qué rabia me dió porque justamente le dimos tantas vueltas a que sillita elegir… y nos la recomendaron en varios sitios… ¡¡¡Qué chasco!!! No teníamos Maxi-Cosi  Porque yo no la quise… (Y luego a los 3 meses cuando no quiso ir tumbada nos dejaron una y fue ¡¡¡maravilloso!!!) Suerte que unos días más tarde, mi prima Marta nos dejó un cuco de BébéCar que era homologado para ir anclado en el coche y con cinturón para Martina.

 

 

¡¡¡Con este fue hasta los 2-3 meses y nos fue genial!!!

***

Subimos al coche, yo detrás con Martina para aguantarle la cabecita, que fuera derechita… Y sobretodo para mirarla, olerla y vigilar que no le pasara nada… Mi instinto animal estaba floreciendo… ¡¡¡A pasos agigantados!!!

Conecté mi Iphone para cargarlo… y de repente empezó a sonar Cold Play Baby… la música que tantos meses llevaba escuchando, para relajarme; la música que puse en mi Iphone y Ipods para el parto de Martina. Me teletransporté al parto, empecé a recordar y rompí a llorar. Creo que entre todas las emociones y el hecho de que ya nos íbamos a casa, que toda la responsabilidad de mi pequeña recaía sobre nosotros, me hizo llorar de ilusión y de miedo a la vez.

Me sorprende que llorara tanto, en realidad soy súper fuerte, optimista y alegre. Sí soy sentimental, pero… ¿Tanto? Durante estos 20 meses que llevo con mi pequeña he ido mejorando (jejeje), pero reconozco que todo lo relacionado con bebés, mamás y partos me emociona. Y mucho. Las hormonas nos cambian emocionalmente y con el tiempo van disminuyendo. Pero en mi caso, creo que al estar en contacto con vosotr@s  hace que aun me emocione y lo viva tanto.

Llegamos a casa y buffffff…

Hogar, dulce hogar… ¡¡¡Por fin solos en casa!!!

¡¡¡Qué emoción!!! Ya eramos una familia y entrábamos en nuestro hogar… Eso eran palabras mayores. Llegamos y Martina dormía, así que fuimos a la habitación y acabé de poner las sabanitas limpias en su moisés… y la puse allí. Y la miré. ¡¡Y seguramente suspiré de amor!! Casi seguro, porqué no hay nada más grande que traer un hijo a este mundo.

Tendríamos pues tiempo para nosotros, para estar solos, escucharnos y dedicarnos tiempo. Tiempo para amarnos en la intimidad,  tiempo sin miradas ajenas. Tiempo para reír, descansar, adaptarnos…

( ¡¡También me lo prestaron y nos fue genial!! ¡¡¡Gracias Marta!!! Moisés DREAM de BabyHome)

Luego me senté junto a Pere y le comenté que había una de las pruebas que Martina no había superado. La audiometría había salido negativa en ambos oídos. ¿Tenía hipoacusia total en ambos oídos? Eso quería decir que podía tener problemas auditivos. En nuestro caso dio 0% de audición en cada oído. Eso me asustó mucho. No porque pudiera ser sorda, porque había mucha gente que lo era. Tenía miedo a lo desconocido, a no saber qué hacer, donde ir y si sabría responder a sus necesidades. Quería estar al nivel de la situación y no sabía ni por donde empezar. Así que empecé a buscar información día y noche. Escuelas cercanas, soluciones…  La enfermera me comentó que no me alterara, que pasaba a menudo… Pero para una madre esas palabras no sirven de consuelo.

Esa misma tarde llegó mi hermana de Londres y nada me hizo más feliz que ¡¡¡Madrina y sobrina se conocieran!!! Fue muy bonito, mi hermana estaba súper emocionada y Martina era una muñequita. Así que nos pusimos al día… qué ganas de verla que tenía… y de que conociera a ese trocito de mi… Mis princesas…

Esa misma tarde había clase de lactancia en el CAP de Sant Llàtzer de Terrassa, allí dónde habían llevado el final de mi embarazo. Tenía ganas de ir y que me ayudaran con Martina. Aun no me había subido la leche… pero igual podían ayudarme… Otros ojos, otras enfermeras… Pero estábamos agotadísimos, derrotados… y nos quedamos fritos un ratín los 3. Así que cuando fue la hora de irse, la odisea de vestir a la pequeña, nosotros mismos y poder salir… ya llegábamos que cerraban. Fatal.

Llegamos a casa del paseo (fue lo único que hicimos). Mis pechos seguían peleándose con Martina… Y así toda la noche y el día siguiente… Cada vez que los olía lloraba… ¡¡¡Hasta que por la tarde-noche me dio la subida de la leche!!!

¡¡¡Por fin!!!

¡¡¡ME SUBIÓ LA LECHE 3 DÍAS Y MEDIO DESPUÉS!!!

Qué dolor… los tenía durísimos, tersos… Martina no se agarraba a ellos y si me ponía la pezonera ésta se resbalaba… No sabía que hacer… Así que llamé a Mariana, mi prima. Acababa de tener a María y le daba el pecho así que si alguien podía ayudarme… ¡¡¡Era ella!!! Estuvimos un buen rato al teléfono y finalmente me indicó cómo vaciarme los pechos manualmente (ya que tenía tan asumido que daría pecho que no tenía sacaleches ni nada por el estilo en casa). Gracias a ella todo mejoró un poco… Llené medio vaso de mi leche y se la dimos a Martina en cuchara. Y después… ¡¡¡Martina empezó a tomar pecho, eso seguro, pues de la pezonera salía leche!!!

Os pongo imágenes y links de cómo vaciarse un poco el pecho, para favorecer a que el bebé se agarre bien:

drenaje linfatico

«Consiste en un drenaje linfático con los dedos colocados rodeando el pezón tal como indica la imagen y presionando hacia la espalda durante unos tres minutos. Al hacerlo probablemente comenzará a fluir leche, pero ese no es el objetivo. El objetivo es que la areola quedará totalmente blanda y el bebé será capaz entonces de mamar perfectamente y drenar la mama. Realizar antes de cada toma y siempre que tengamos la areola tan dura que no podamos hundir el dedo.»

La extracción manual de la leche materna:

Técnica Marmet

Reservas de leche

Extracción manual de leche

Extracción manual de leche

Extracción manual de leche

Extracción manual de leche

 

–> Aquí tenéis un vídeo de cómo hacerlo <– 

Así estuvimos toda la noche… Pecho, pezonera, pecho, pezonera… Y vuelta a empezar… Yo creo que lo hacía bien, lloraba a veces… pero creo que íbamos bien.

Al día siguiente, teníamos paella familiar en casa de mis padres, con mi hermana, mis suegros, mi abuelo… ¡¡¡Con todos!!! Pero antes teníamos que ir al hospital de Terrassa, pues teníamos la primera visita pediátrica de rigor a las 48h de habernos ido a casa.

Llegamos y Martina estaba dormida, salió el pediatra a verla. Entramos en la sala y la pesó y revisó. Según su examen, Martina estaba deshidratada, le faltaba comer. (Claro… mi subida fue 12h antes… No se yo, cuánto podía rehidratarse un bebé en 12h…) Me preguntó que si le daba pecho y asentí. Y le comenté que mi subida fue la noche anterior. Que me saqué leche manualmente y se la di en cuchara y además le di pecho toda la noche.

Finalmente… nos reingresaban de nuevo. En la planta de neonatos. Se me cayó el mundo encima. Rompí a llorar de nuevo. No sabía cómo llamar a mi familia, que estaba ya en casa esperando a Martina, y decirles que no podía ser, que no íbamos a salir de allí en casi una semana. Ser madre estaba siendo muy pero que muy difícil. Mi bebé tendría que estar al menos 5 días más en el hospital. Pero si ni había tenido tiempo a oler su sabanas… ni su ropita… ni su casa.

Suerte que al mirarla se me olvidaba todo… ella era lo mejor de mi vida, lo mejor que me ha pasado nunca.

El siguiente paso fue darle un biberón entero para ver cómo le sentaba… (eso me destrozó por dentro…) Y el segundo paso… en cuanto llegamos a neonatos fue… «Vas a sacarte la leche y se la daremos con biberón, para ver lo que toma.»

Había leído tanto… que sabía que ese era el fin de mi LME (Lactancia Materna Exclusiva) y estaba triste, dolida…

¿No servía yo para eso?

***

Ahora que lo veo desde fuera… Está claro que Martina necesitaba alimento y por eso cedí. Pero estaba claro también que no se alimenta un bebé en 12h. Acabando de tener la subida de leche, apenas habíamos tenido tiempo…

***

Bien, pues los siguientes 5 días me dediqué a sacarme la leche cada 2-3 horas y dársela en biberón. Bajo el control exhausto de las enfermeras. Día y noche, día y noche… Me veía con otras mamás en la sala de los sacaleches… Sí, sí, las salas de saca-leches existen… Eso era horroroso… Estábamos cansadísimas a esas horas de la madrugada… No nos  dirigíamos ni una palabra.

¿Qué íbamos a decirnos? «Hola soy Paula y no he sido capaz de darle el pecho a mi hija, pero quiero ser buena madre y darle lo mejor (y mis hormonas me obligan) y me voy a sacar la leche para mi hija, que es lo mejor que Dios me ha dado y no es su culpa que no le pueda dar el pecho.»

Agotador. Física y psicológicamente.

Era como tener gemelos… (te la sacabas como si le dieras a uno y se la daba a Martina…) Repito… Agotador…

Pregunté si podía seguir dándole pecho y me dijeron que no. Porqué si Martina tomaba no sabrían cuanto era. Vaya que era el pez que se mordía la cola. ¡Qué difícil!

¡¡¡Finalmente, Martina fue ganando peso!!!

Y al quinto o sexto día antes de irnos a casa, las comadronas me dijeron… «A ver, intenta darle el pecho a ver que tal.»

¿Cómo? ¿Ahora?

Después de 5-6 días mi hija no quería ni olerme…

Y allí estaban de nuevo… así no, asá. A ver y… ¿en esa otra posición? ¿Y la pezonera?

Pero no me di por vencida, iba a intentarlo e iba a ir a la siguiente clase de lactancia, Sí o Sí.

.

{ Nos vemos en el siguiente POST }

Paula

¿Tuvisteis problemas con la lactancia?

¿Habéis usado saca-leches?

¡¡¡Explicadme como fueron los primeros días!!!

¿Qué os ha parecido este post?

 { ¿Te has perdido el POST anterior? }

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.