¿QUIÉN SOY YO? Mis sombras, mi maternidad

¿QUIÉN SOY YO? Mis sombras, mi maternidad

Sabes cuando te sientes desubicada en el mundo, cuando ves que en un momento de tu vida no encajas en ningún lado, te sientes como perdida y en cambio te sientes llena hasta los topes con un recién nacido en tus brazos… Tus amistades no están en este punto de la vida y no sabes con quién compartir tus alegrías y tus penas. Los días se te hacen largos, monótonos…

Sabes cuando ves que la vorágine maternal te aleja de tu pareja mientras por dentro la necesitas más que nunca, la ansías y la deseas…

Sabes cuando necesitas a esa persona especial, en mi caso mi hermana, a tu lado y resulta que vive a 1.562km de ti… Que una llamada por whatsapp te alivia un poco, pero lo que realmente quieres es tenerla a tu lado …

Sabes cuando te sientes que vives en el cuerpo de otra persona, de unos 30kg de más, el cuerpo repleto de estrías y te das cuenta de que todo tu esfuerzo durante el embarazo no valió la pena…

Sabes cuando ves que tu manera de pensar y afrontar un parto no es comprendida por nadie de tu alrededor, aunque tú estés convencida 100%…

Cuando de repente tienes que volver a trabajar, y NO quieres. No quieres dejar a tu bebé. No quieres volver ya. No quieres estar 12h fuera de casa cada día. Y no sabes qué hacer, ni cómo empezar, ni como explicártelo a ti misma…

Y qué me dices cuando como madre quieres criar a tus cachorros de manera respetuosa, pausada, tranquila… y un día te oyes pegar un grito, o varios. O tal vez que todo eso que empezaste como proyecto propio con ellos, sin saber porqué, un día no sabes cómo resulta que no eres la madre que habías ideado ser.

Y de repente en todo este embrollo otro test te sale positivo, y te entran todas estas dudas de nuevo. Te acojonas literalmente, mientras por otro lado eres la mujer más feliz del mundo. ¿Cómo lo haré? ¿Volveré a pasar emocionalmente por todo esto? ¿Y físicamente? Y todo se te hace una montaña enorme, con varias montañas más a su alrededor…

Otra vez te sientes sola. Esta vez con un bebé en brazos y otro en tu vientre. Vuelves a planear tu parto. Y resulta que tu alrededor lo ve aún más locura que el anterior. Pero tu corazón y tu razón te dictan que sí, que adelante. Y tu alrededor con las manos en la cabeza. Y sigues adelante.

La relación con tu pareja ya no es la que era antes de tener a tu primer bebé, pero es que además ahora viene otro. Y eso si que te acojona de nuevo (y mil perdones, pero lo que sientes es eso).

Y además al final del embarazo te mudas a otra ciudad. Te vuelves a sentir desubicada. Puede ser tu ciudad natal, pero vuelves a “casa” siendo otra persona, siendo mamá con un bebé fuera y otro dentro a punto de nacer. Y no conoces a nadie, la casa está por hacer entera, y tu barriga en modo tic-tac.

Tu segundo bebé nace y es tan distinto al primero que no sabes ni como gestionarlo. No sabes cómo funciona esa maternidad. No sabes cómo seguir unida a tu primer bebé. Ves que obligada te alejas de ella, para dar al segundo TODO lo que necesita. Y presientes que la unión con el primero está en la cuerda floja. Eso que tanto te costó conseguir. Esa felicidad…

Cuando empiezas a tenerlo todo controlado, estás más serena, te acomodas e intentas que la vida fluya… Venga a mudarte otra vez, esta vez por obligación, no por gusto, y ese enfado va por dentro un tiempo. No te sientes a gusto, ni como en casa en la nueva casa. No te gusta, le ves mil pegas…

Y como regalo del mundo mundial otro test de embarazo positivo. La nueva casa por hacer. Tu pareja, tus hijas, tu trabajo, tu tiempo… y todas esas preguntas de nuevo revoloteando por tu cabeza… ¡ACOJONADA DE NUEVO!

Esta vez de verdad. Tu imaginas ser la mujer más feliz del mundo cuando ves ese tercer positivo, pero no sabes cómo contárselo a tu pareja porqué le va a dar un jamacuco del bueno, y lo sabes… Jod—–rrrrrr cómo se lo digo yo…

Que ni buscado, éste bebé ha llegado de golpe y porrazo… Reúnes fuerzas y se lo cuentas, y su cara es de shock. Y así unas cuantas semanas. Buff, respira hondo Paula que esta es gorda. Me sentí mal. Muy mal. Hasta me sentí culpable de algo que yo ansiaba, pero no buscaba en ese momento. Y lloré mucho, no por mi bebé que era lo más bonito de mi mundo en ese momento junto a mis dos niñas, lloré por la situación. Dios que gorda era esta. Creo que me vino grande un tiempo.

Este bebé iba a nacer en casa igual que el segundo. Pero esta vez diabetes gestacional. Semana 35. Cagada la hemus. ¿Qué coñ- hago? Mis comadronas me abandonan y me siento sola de nuevo. Diosss esta vez que creía que lo tenía “controlado”. Desempoderada de la noche a la mañana y con un problemón grande encima. No sé ni cómo saqué fuerzas para “solucionar” esto.

Nació y me sentí desbordada de nuevo, física y emocionalmente. Me sentí muy vulnerable. Me sentí de otro planeta. Me sentí sin súper poderes. Me sentí con miedo a los siguientes días, semanas y meses. Me sentí en modo superviviente. Y no quiero reprochar, porque las cosas ahora van bien, pero mi pareja no estuvo ahí como yo deseaba que estuviera por meses, que igual son expectativas que te creas. Pero me sentí sobrepasada por todo.

¿Sabes qué? No hace muchos tiempo recordé que unos meses antes de quedarme “deseadamente” embarazada de la mayor, estuve una mañana entera retorciéndome de dolor. Encerrada en un baño, sudando como nunca. A 1.562km de casa. Sangrando como una descosida coágulos como puños. Llorando de dolor e incomprensión. Y mi cabeza lo almacenó en “cosas que olvidar”. ¿Sabes qué? Ahora lo entiendo, ahí perdí a mi primer bebé. Sin saberlo. Sola. Sin mi pareja a mi lado. Y ahora lo comprendo todo y lloro. No tenía nombre mi ángel, pero me acuerdo, me acuerdo de ti, y me duele.

Ahora mismo estoy resoplando. Escribirlo es un alivio. Entre todo esto hay mucho más. Muchísimas más sombras. Pero creo que las principales están aquí.

Necesito respirar hondo. Sacarlo de dentro.

¿Sabes qué? Seguramente por todo esto y más, me cuesta poder escribiros en redes sociales. Porque a veces no sé por dónde empezar, o por dónde seguir. No lo sé. Solamente sé que se me hace una bola muy grande. Que mi vida familiar ahora está en modo supervivencia ON. Y me pasan tantas cosas y sentimientos a lo largo del día que por la noche estoy exhausta. Y caigo rendida a las ocho de la noche junto a mis cuatro hijos.

Necesito poner en orden mi vida. Mis sentimientos. Mis expectativas. Mi maternidad. Mi pareja. Mi manera de ver la crianza. Necesito un reset. Y ese reset lo realizaré en noviembre. Tres días para mí.

Tres días para mí. Para poder reorganizarlo todo. Reorganizar mi mente. Deshacer el nudo de la garganta que tengo ahora mismo.

Y cuento con la ayuda de María y Raquel. Sé que con ellas todo cobrará sentido de nuevo. Todo fluirá como la seda. Que todo este trabajo mental y emocional que llevo dentro lo vomitaré y renaceré con más fuerza. Como el Ave Fénix. Renaceré de mis cenizas, ¡estoy segura!

Y todo esto (una parte de mí de los últimos 8 años) os lo explico, porque cada una tenemos nuestras luces, pero también muchas sombras. Y éstas sombras a veces no nos dejan crecer, ni mirar más allá, ni resolver conflictos internos nuestros. Para mí lo más importante es estar en harmonía conmigo misma, con mi pareja y mis hijos.

Este no es el muro de las lamentaciones. Es ser consciente de lo qué hay y poder exponerlo va a ayudar a mi cordura. Qué días de juerga y optimismo siempre los hay, y yo soy la primens!! Pero reparar el fondo, nos vendrá bien para seguir con todo lo que vendrá!!!

Yo confío plenamente en ellas.

Si quieres venir escríbeme: fotografia@paulapellicer.com

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Que a parte de solucionar todo esto, haremos tribu y ¡lo pasaremos genial!



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